leonard55_XinhuaDing Lin via Getty Images_likeqiangmogherini Xinhua/Ding Lin via Getty Images

El fin del sueño chino de Europa

BERLÍN – Un cambio de paradigma está teniendo lugar en las relaciones entre la Unión Europea y China. La crisis del COVID-19 ha desatado un nuevo debate al interior de Europa sobre la necesidad de una mayor “diversificación” de la cadena de suministros y, por ende, de una desvinculación controlada de China. No será una tarea fácil y no sucederá en lo inmediato. Pero, claramente, Europa ha abandonado su ambición previa de una relación económica bilateral mucho más integrada con China.

En el pasado, cuando los europeos exigían reformas comerciales, económicas y de política exterior respecto de China, su esperanza siempre consistía en mejorar el contacto con el país logrando, al mismo tiempo, que la relación fuera más justa y más recíproca. El objetivo básico era extender el comercio bilateral y abrir el mercado chino a las inversiones europeas. Aun cuando la Unión Europea endureció su estrategia para con China, su objetivo seguía siendo profundizar los lazos económicos con el país. La creación de nuevos instrumentos de la UE para monitorear las inversiones y aplicar medidas antimonopolio era presentada como una medida pesarosa pero necesaria para crear las condiciones políticas para una mayor cooperación.

En un informe publicado a comienzos de este mes, Andrew Small del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores sostiene que el compromiso de la UE con China tendrá de ahora en más un nuevo propósito: estructurar la relación sino-europea de manera tal que reduzca la dependencia de Europa del comercio y la inversión chinos. El nuevo consenso es que los europeos deberían estar más aislados de los caprichos de gobiernos extranjeros poco confiables y autoritarios, ya sea en Beijing o en Washington. 

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