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Una guerra de palabras librada sobre los cuerpos de las mujeres

NUEVA YORK – Este mes, la Asamblea General de las Naciones Unidas celebrará una reunión de alto nivel para garantizar que los estados miembro se comprometan a ofrecer cobertura sanitaria universal (CSU), que incluya protección de riesgo financiero y acceso a servicios de atención médica esenciales, medicamentos y vacunas para todos. Pero exactamente cuál es el grado de compromiso de los países para brindar servicios que satisfagan las necesidades únicas de las niñas y las mujeres como parte de su implementación de la CSU todavía es objeto de debate.

Al adoptar una declaración política sobre la CSU, los países acuerdan asignar financiamiento de sus presupuestos nacionales para crear un futuro en el que la diabetes en todas partes reciba insulina, en el que no se permita que el VIH arrase a las comunidades y en el que todos los niños reciban vacunación esencial. En ese futuro, hasta las comunidades más vulnerables contarían con un acceso confiable y asequible a los servicios que necesitan, y toda la sociedad estaría más sana y sería más productiva.

Sin embargo, las necesidades médicas únicas de las niñas y las mujeres, en particular sus necesidades de salud sexual y reproductiva, siguen siendo una cuestión de contención política, que durante mucho tiempo hizo que su atención médica estuviera subvalorada y no contara con los recursos suficientes. En entornos de asistencia humanitaria, por ejemplo, hay un acceso muy limitado a atención médica sexual y reproductiva. Y, en muchos lugares, las jóvenes tienen dificultades para ejercer sus derechos reproductivos.

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