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Por qué es importante la crisis matrimonial de China

MADISON, WISCONSIN – Según se dio a conocer, la cantidad de nuevos matrimonios en China se desplomó una quinta parte el año pasado, lo que implica que el número oficial de nacimientos probablemente caerá de 9,54 millones en 2024 a 7,3-7,8 millones en 2025. De esta manera, si bien China representa el 17,2% de la población global, acaparará menos del 6% de los nacimientos, una cifra comparable con la de Nigeria.

Asimismo, se espera que la tasa de fertilidad de China en 2025 descienda a 0,9 nacimientos por mujer (2,1 es el nivel de reemplazo estándar), apenas la mitad de lo que las autoridades predijeron en 2016. Tan alarmante es esta realidad demográfica que, a principios de este mes, el primer ministro chino, Li Qiang, anunció que el gobierno pondrá en marcha nuevas políticas para impulsar la tasa de natalidad.

Pero la crisis matrimonial socavará en gran medida estos esfuerzos. Los matrimonios ya cayeron a pique de 13,47 millones de parejas en 2013 a 6,11 millones en 2024 -aunque con cierta desviación en 2020-24, debido a la política de COVID cero-. Del mismo modo, la tasa global de matrimonios cayó de 9,9 por cada 1.000 personas a 4,3 en el mismo período, frente a 5,4 en Taiwán y 6,1 en Estados Unidos (2023).

¿Por qué ocurre esto? Desafortunadamente para los dirigentes chinos, no existe una causa única. Entre los factores más destacados se encuentran el descenso constante de la población china en edad fértil, los cambios en el estilo de vida, los efectos persistentes de la (ahora descartada) política de un solo hijo en las actitudes frente al matrimonio y la maternidad, la sobreoferta persistente de hombres y el alto desempleo juvenil.

[Gráfico 1]

Según el censo de 2020 de China, el 61% de los bebés nacen de mujeres entre 20 y 30 años. Pero la cantidad de mujeres en este grupo se redujo de 111 millones en 2012 a 73 millones en 2024, y se espera que disminuya aún más, a 37 millones para 2050. Incluso si la tasa de fertilidad registrara algún aumento, los nacimientos seguirían disminuyendo aceleradamente.

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Décadas de aborto selectivo por sexo en China han provocado una escasez de novias y un aumento vertiginoso del “precio de la novia” (la familia del novio debe, como mínimo, comprar un apartamento nuevo). Si bien la proporción de sexos biológica típica al nacer se sitúa entre 102 y 106 varones por cada 100 mujeres, el censo chino del año 2000 mostró una proporción de sexos (en niños de 0 a 4 años) de 120 a nivel nacional, 133 en la provincia de Jiangxi y 197 en la ciudad de Wuxue, provincia de Hubei. Sin embargo, a pesar de esta profunda asimetría, sigue habiendo muchas “mujeres sobrantes”, ya que muchos padres con una hija (casi siempre hija única) han dado prioridad a su educación e independencia económica sobre el matrimonio, y han depositado expectativas excesivas en los aspirantes a yernos. La proporción de mujeres solteras de 25 a 29 años en China se disparó del 9% en 2000 al 33% en 2020 y al 43% en 2023, y esta tendencia sigue acelerándose.

Cuando China implementó su política de un solo hijo en 1980, no solo aumentó las barreras para el matrimonio, sino que también facilitó el divorcio, agravando aún más la crisis. La tasa de divorcios se disparó de 0,3 por cada 1.000 personas en 1980 a 3,4 en 2019. Por ello, en 2021, China implementó un nuevo código civil, siguiendo el ejemplo del Reino Unido y Francia, para exigir un período de reflexión de 30 días para el divorcio. Pero si bien esto redujo la tasa de divorcios a dos por cada 1.000 personas, en 2023 había rebotado a 2,6 -muy por encima de la tasa de Japón (1,5).

La ventana reproductiva de los hombres y mujeres chinos es muy corta. A una mujer le suele quedar el 12% de sus óvulos a los 30 años, y sólo el 3% a los 40. El riesgo de aborto espontáneo aumenta del 10% en las mujeres menores de 30 años al 20% a los 35, al 33-40% a los 40 y al 57-80% a los 45. La probabilidad de concebir un hijo con síndrome de Down aumenta con la edad de la madre, pasando de una de cada 2.000 a los 20 años a una de cada 350 a los 35, y una de cada 30 a los 45. A medida que se retrasa la edad del matrimonio, también disminuye el interés por criar hijos.

Por eso, aproximadamente dos tercios de los bebés de todo el mundo nacen de mujeres de 30 años o menos. En 2021, la edad mediana de las madres en el momento del primer parto era de 27 años en Estados Unidos, 27 en México y solo 21 en India. En comparación, la edad mediana del primer parto de las mujeres chinas ha pasado de 25 años en 2000 a 28 en 2020, con un aumento acelerado en los últimos años. En Shanghái, ha pasado de 30 en 2019 a 32 en 2024. Peor aún, la tasa global de infertilidad en China ha aumentado del 1-2% en la década de 1970 al 18% en 2020. Cada vez más personas se vuelven infértiles después del matrimonio o después de tener su primer hijo.

Las regiones tradicionalmente de influencia confuciana tienen las tasas de fertilidad más bajas del mundo, en parte porque su excesivo énfasis en la educación se traduce en un escaso énfasis en el matrimonio y la maternidad. Como resultado de ello, esas regiones tienen una proporción más elevada de personas solteras en general, y los datos históricos indican que será prácticamente imposible fomentar la tasa de fertilidad incluso a 1,5 si la edad mediana de las madres en el momento del primer parto supera los 28 años.

A escala internacional, la edad mínima legal para contraer matrimonio suele estar entre los 16 y los 18 años. Pero en China se elevó a 22 años para los hombres y 20 para las mujeres en 1980. La gente se ha acostumbrado tanto a casarse y tener hijos más tarde que bajar la edad a 18 años no contribuiría en nada a aumentar la tasa de fertilidad.

El aplazamiento generalizado del matrimonio y la maternidad, al igual que el aumento de la proporción de personas solteras, es atribuible en gran medida a las políticas del gobierno en busca de un dividendo de talento y “nuevas fuerzas productivas de calidad”. Estas políticas han propiciado un aumento de las matrículas universitarias y de posgrado, de 2,21 millones y 129.000, respectivamente, en 2000, a 10,69 millones (mucho más que los nacimientos de este año) y 1,36 millones en 2024. Mientras tanto, la tasa de matriculación en educación terciaria de China ha superado a la de Japón, lo que implica que será difícil que su tasa de fertilidad se estabilice en el nivel actual de Japón de 1,15.

¿Puede el gobierno chino resolver la contradicción entre sus ambiciones económicas y su realidad demográfica? A juzgar por sus esfuerzos pasados, nadie debería apostar por ello.

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