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¿2024 será el nuevo 1933?

DUBLÍN – El 30 de enero de 1933, Adolf Hitler fue nombrado canciller de Alemania. Para sus seguidores, fue un día de “revolución nacional” y renacimiento. Alemania, a su entender, necesitaba la fuerza restaurativa de un hombre fuerte autoritario después de 14 años del “sistema” liberal-democrático de Weimar. Esa noche, los camisas pardas de Hitler, munidos de antorchas, marcharon por el centro de Berlín para marcar el inicio de una nueva era.

También fue un momento triunfal en la historia del engaño popular. Desde los primeros días de la República de Weimar, su política había estado definida por campañas de desinformación, que incluyeron la mentira de que la democracia de Weimar era obra de una conspiración de judíos y socialistas que habían “apuñalado a Alemania por la espalda” para garantizar su derrota en la Primera Guerra Mundial.

Hoy, prácticamente todos coinciden en que la llegada de Hitler fue un punto de inflexión en la historia mundial, el inicio de un proceso político que terminaría en la Segunda Guerra Mundial y en el Holocausto. Pero Hitler no “se apoderó del poder”, como luego dijeron los nazis. Por el contrario, como ha explicado su biógrafo, Ian Kershaw, fue “apalancado al poder” por un pequeño grupo de hombres influyentes.

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