PARÍS – En el último año y medio, las aseguradoras se han retirado de las zonas de alto riesgo a un ritmo alarmante. En ningún otro lugar esto ha sido tan evidente como en California, donde los incendios forestales son cada vez más frecuentes e intensos -la conflagración de Los Ángeles en enero es solo el último de una serie de incendios devastadores-. Y no se trata solo de incendios forestales: el Estado Dorado también es propenso a inundaciones importantes y perjudiciales.
Esto plantea un reto extremadamente complejo y difícil para las compañías de seguro, que comprensiblemente han tenido dificultades para hacerle frente. En los últimos meses, varias aseguradoras importantes han puesto en pausa las nuevas pólizas de hogares en California.
Pero el problema no se limita a unos pocos lugares desafortunados. El mundo se enfrenta a una tormenta perfecta de aceleración del cambio climático, inestabilidad económica, malestar político, ciberdelincuencia y alteraciones de las cadenas de suministro. Estas amenazas interconectadas están haciendo que las catástrofes naturales sean cada vez más frecuentes y costosas. Las aseguradoras intentan desesperadamente poder seguir ofreciendo cobertura a sus clientes, en tanto empiezan a fallar los métodos tradicionales de evaluación y fijación de precios de los riesgos y se amplía la “brecha de protección” -la diferencia entre las pérdidas aseguradas y no aseguradas-. Si bien no hay respuestas fáciles, las aseguradoras deben evolucionar o corren el riesgo de volverse obsoletas.
Según el Banco Europeo de Inversiones (BEI), cada euro gastado en prevención permite que se ahorren entre 5 y 7 euros en costos de recuperación. Esto supone un argumento económico de peso para que las aseguradoras cambien su enfoque. Si se convirtieran en gestoras activas de riesgo, en lugar de pagadoras pasivas de siniestros, las aseguradoras avanzarían mucho en la reducción de la brecha de protección.
Las herramientas para hacerlo ya existen. Quizá la más poderosa sea la tecnología geoespacial, que rastrea los riesgos en tiempo real utilizando herramientas basadas en IA para analizar datos de imágenes satelitales y drones. En lugar de recurrir a modelos obsoletos que a menudo se basan en datos históricos de hace décadas, las aseguradoras pueden utilizar esta tecnología para determinar qué propiedades, empresas o activos son especialmente vulnerables a las catástrofes naturales.
Con esta información, tanto las aseguradoras como los asegurados pueden actuar antes de que se produzca una catástrofe. Se podría argumentar que poco se puede hacer por una casa que se encuentra en la trayectoria de un incendio forestal. Pero esto no es del todo cierto. La Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres ha demostrado que la limpieza de la vegetación seca alrededor de las casas reduce el riesgo de daños por incendios forestales. Si las aseguradoras utilizan datos geoespaciales para identificar las zonas de riesgo, tanto ellas como sus clientes pueden tomar medidas sencillas -eliminar la maleza, construir con materiales resistentes al fuego e incluso desplegar equipos privados de extinción de incendios una vez iniciado el fuego- que podrían ahorrar miles de millones de dólares en pérdidas.
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El mismo principio se aplica a las inundaciones. A diferencia de los huracanes, que afectan a regiones enteras, las inundaciones pueden devastar una calle, pero no la siguiente. Con datos en tiempo real, las aseguradoras pueden seguir la trayectoria de las inundaciones y ayudar a la gente a proteger sus casas antes de que llegue el agua.
Un obstáculo importante para los seguros basados en la prevención es el costo. Los críticos afirman que la tecnología es demasiado cara, y que su infraestructura de datos es demasiado compleja, para integrarla en los sistemas de seguros. No están del todo equivocados: un giro de este tipo requerirá una inversión significativa. Pero el costo de no hacer nada es aún mayor. Si las aseguradoras abandonan las zonas de alto riesgo, la brecha de protección se convertirá en un abismo. A las empresas locales podría resultarles imposible obtener financiación. Regiones enteras podrían sufrir económicamente. Los gobiernos podrían verse presionados para intervenir con planes de seguros públicos, desviando recursos de otras prioridades.
Sin embargo, las aseguradoras que adopten la prevención tendrán una clara ventaja que va más allá del ahorro previsto por el BEI. Podrán ofrecer primas más bajas a los clientes que adopten medidas de mitigación de riesgos, reducir sus propios costos de siniestralidad y contribuir a crear un mundo más resiliente. Al fin y al cabo, los seguros no sirven únicamente para compensar pérdidas (por importante que ello sea), sino para proteger vidas humanas y medios de subsistencia. Al adoptar un enfoque de gestión de riesgos basado en tecnología geoespacial, las aseguradoras estarían cumpliendo su propósito.
La rápida escalada de la crisis climática ya ha puesto patas arriba el sector de los seguros. Retirarse simplemente del riesgo no es una opción viable a largo plazo: las aseguradoras se estarían condenando a sí mismas a la irrelevancia. Por el contrario, deben adaptarse a la nueva normalidad y modificar la mentalidad que necesitan para crear un sector con visión de futuro y tecnológicamente sofisticado que pueda desempeñar un papel crucial en la construcción de un mundo más seguro y estable.
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Donald Trump’s attempt to reindustrialize the US economy by eliminating trade deficits will undoubtedly cause pain and disruption on a massive scale. But it is important to remember that both major US political parties have abandoned free trade in pursuit of similar goals.
argues that America’s protectionist policies reflect a global economic reordering that was already underway.
Donald Trump and Elon Musk's reign of disruption is crippling research universities’ ability to serve as productive partners in innovation, thus threatening the very system that they purport to celebrate. The Chinese, who are increasingly becoming frontier innovators in their own right, will be forever grateful.
warns that the pillars of US dynamism and competitiveness are being systematically toppled.
PARÍS – En el último año y medio, las aseguradoras se han retirado de las zonas de alto riesgo a un ritmo alarmante. En ningún otro lugar esto ha sido tan evidente como en California, donde los incendios forestales son cada vez más frecuentes e intensos -la conflagración de Los Ángeles en enero es solo el último de una serie de incendios devastadores-. Y no se trata solo de incendios forestales: el Estado Dorado también es propenso a inundaciones importantes y perjudiciales.
Esto plantea un reto extremadamente complejo y difícil para las compañías de seguro, que comprensiblemente han tenido dificultades para hacerle frente. En los últimos meses, varias aseguradoras importantes han puesto en pausa las nuevas pólizas de hogares en California.
Pero el problema no se limita a unos pocos lugares desafortunados. El mundo se enfrenta a una tormenta perfecta de aceleración del cambio climático, inestabilidad económica, malestar político, ciberdelincuencia y alteraciones de las cadenas de suministro. Estas amenazas interconectadas están haciendo que las catástrofes naturales sean cada vez más frecuentes y costosas. Las aseguradoras intentan desesperadamente poder seguir ofreciendo cobertura a sus clientes, en tanto empiezan a fallar los métodos tradicionales de evaluación y fijación de precios de los riesgos y se amplía la “brecha de protección” -la diferencia entre las pérdidas aseguradas y no aseguradas-. Si bien no hay respuestas fáciles, las aseguradoras deben evolucionar o corren el riesgo de volverse obsoletas.
Según el Banco Europeo de Inversiones (BEI), cada euro gastado en prevención permite que se ahorren entre 5 y 7 euros en costos de recuperación. Esto supone un argumento económico de peso para que las aseguradoras cambien su enfoque. Si se convirtieran en gestoras activas de riesgo, en lugar de pagadoras pasivas de siniestros, las aseguradoras avanzarían mucho en la reducción de la brecha de protección.
Las herramientas para hacerlo ya existen. Quizá la más poderosa sea la tecnología geoespacial, que rastrea los riesgos en tiempo real utilizando herramientas basadas en IA para analizar datos de imágenes satelitales y drones. En lugar de recurrir a modelos obsoletos que a menudo se basan en datos históricos de hace décadas, las aseguradoras pueden utilizar esta tecnología para determinar qué propiedades, empresas o activos son especialmente vulnerables a las catástrofes naturales.
Con esta información, tanto las aseguradoras como los asegurados pueden actuar antes de que se produzca una catástrofe. Se podría argumentar que poco se puede hacer por una casa que se encuentra en la trayectoria de un incendio forestal. Pero esto no es del todo cierto. La Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres ha demostrado que la limpieza de la vegetación seca alrededor de las casas reduce el riesgo de daños por incendios forestales. Si las aseguradoras utilizan datos geoespaciales para identificar las zonas de riesgo, tanto ellas como sus clientes pueden tomar medidas sencillas -eliminar la maleza, construir con materiales resistentes al fuego e incluso desplegar equipos privados de extinción de incendios una vez iniciado el fuego- que podrían ahorrar miles de millones de dólares en pérdidas.
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El mismo principio se aplica a las inundaciones. A diferencia de los huracanes, que afectan a regiones enteras, las inundaciones pueden devastar una calle, pero no la siguiente. Con datos en tiempo real, las aseguradoras pueden seguir la trayectoria de las inundaciones y ayudar a la gente a proteger sus casas antes de que llegue el agua.
Un obstáculo importante para los seguros basados en la prevención es el costo. Los críticos afirman que la tecnología es demasiado cara, y que su infraestructura de datos es demasiado compleja, para integrarla en los sistemas de seguros. No están del todo equivocados: un giro de este tipo requerirá una inversión significativa. Pero el costo de no hacer nada es aún mayor. Si las aseguradoras abandonan las zonas de alto riesgo, la brecha de protección se convertirá en un abismo. A las empresas locales podría resultarles imposible obtener financiación. Regiones enteras podrían sufrir económicamente. Los gobiernos podrían verse presionados para intervenir con planes de seguros públicos, desviando recursos de otras prioridades.
Sin embargo, las aseguradoras que adopten la prevención tendrán una clara ventaja que va más allá del ahorro previsto por el BEI. Podrán ofrecer primas más bajas a los clientes que adopten medidas de mitigación de riesgos, reducir sus propios costos de siniestralidad y contribuir a crear un mundo más resiliente. Al fin y al cabo, los seguros no sirven únicamente para compensar pérdidas (por importante que ello sea), sino para proteger vidas humanas y medios de subsistencia. Al adoptar un enfoque de gestión de riesgos basado en tecnología geoespacial, las aseguradoras estarían cumpliendo su propósito.
La rápida escalada de la crisis climática ya ha puesto patas arriba el sector de los seguros. Retirarse simplemente del riesgo no es una opción viable a largo plazo: las aseguradoras se estarían condenando a sí mismas a la irrelevancia. Por el contrario, deben adaptarse a la nueva normalidad y modificar la mentalidad que necesitan para crear un sector con visión de futuro y tecnológicamente sofisticado que pueda desempeñar un papel crucial en la construcción de un mundo más seguro y estable.