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Evitar la divisoria tecnológica global

SINGAPUR – El agravamiento de tensiones entre Estados Unidos y China aumenta la probabilidad de que se produzca una profunda divisoria tecnológica mundial que obligue a otros países a elegir bando. Hay una abundancia de escenarios preocupantes, con fracturas irremediables entre las tecnologías básicas de las que depende una amplia variedad de productos y servicios, desde la aeronavegación y los automóviles hasta la ingeniería de precisión para la robótica y los sistemas de pago para el comercio electrónico. Si esos escenarios se materializaran, las dos economías más grandes del mundo dedicarán inmensas cantidades de recursos a una competencia de suma cero por el control de las tecnologías de avanzada.

Estados Unidos y China comprenden el papel central de la tecnología como motor de sus economías y del desarrollo global. También saben que su dominio y la protección de los derechos de propiedad intelectual pertinentes pueden reforzar su seguridad nacional e influencia geopolítica, lo cual tendrá importantes efectos de retroalimentación sobre el crecimiento sostenido y la resiliencia de ambos países.

En el mediano plazo, Estados Unidos enfrenta un duro desafío a su dominio tradicional en ciencia e ingeniería y a su capacidad para la producción de componentes críticos. Por ejemplo, a pesar del papel de las empresas estadounidenses en el diseño de los semiconductores de avanzada, la cuota estadounidense de la producción mundial disminuyó de 37% en 1990 a sólo 12% en la actualidad.

En tanto, China, no obstante los avances obtenidos, sigue muy lejos de la frontera tecnológica en muchos productos, por ejemplo chips y aviones. Es verdad que el país desarrolló un extenso y variado ecosistema industrial, y tiene una capacidad excepcional para producir con rapidez y en gran escala. También está cerca de los primeros puestos en las clasificaciones mundiales por cantidad de patentes y gasto en investigación y desarrollo. Pero es vulnerable en muchas áreas. Importa cada año unos 300 000 millones de dólares en semiconductores, de lo que aproximadamente la mitad se destina a la fabricación de productos para exportación. Además, muchos servicios indisolublemente ligados a productos dependen para su funcionamiento de los semiconductores (por ejemplo, las aplicaciones incorporadas a los teléfonos inteligentes).

Otras economías avanzadas con capacidad para diseñar o fabricar componentes críticos en las cadenas de suministro de semiconductores (entre ellas Japón, Corea del Sur, Taiwán y los Países Bajos) quedaron en medio de las tensiones sinoestadounidenses. Es inevitable que estos países deban hacer cuidadosos cálculos con atención a las cuestiones geopolíticas además de las comerciales.

El resultado más probable a mediano plazo es que conforme los países se esfuercen cada vez más en reducir vulnerabilidades habrá una bifurcación tecnológica, pero esta se mantendrá contenida. Empresas estadounidenses están construyendo fábricas de semiconductores de avanzada, mientras China recluta talento internacional y aumenta la I+D en semiconductores, así como en el software, la maquinaria y el equipamiento necesarios para su producción.

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En tanto, otros países están apelando a una variedad de opciones, que incluyen la creación de alianzas que les garanticen el suministro de componentes críticos, el desarrollo de capacidades propias para obtener interoperabilidad entre diversos estándares tecnológicos y un incremento de la exportación de productos y servicios más elaborados (y con él, de la posición negociadora frente a Estados Unidos y China).

Pero a más largo plazo, el mundo necesita una acción multilateral más decidida en favor de la cooperación tecnológica internacional. Por eso es necesario que economías desarrolladas y emergentes por igual enmarquen las tensiones tecnológicas en un contexto más amplio.

El primer paso debe ser recordar que la apertura económica ha sido un enorme motor de crecimiento y bienestar. En Asia, da testimonio de ello el veloz desarrollo económico de China continental. Corea del Sur, Singapur, Taiwán y Hong Kong, pese a la casi total ausencia de recursos naturales, también lograron industrializarse y modernizarse, en parte gracias a la globalización. Y cada vez más economías en desarrollo y emergentes en África, América Latina y Europa están subiendo en la escala de ingresos mediante la ocupación de nichos y la participación en cadenas de valor globales.

Además, ninguna economía (por más grande o avanzada que sea) puede dar la espalda a la globalización y confiar en que siempre tendrá la posición dominante en todos los productos de alta tecnología, un suministro seguro de componentes críticos y la capacidad de operar en una red cada vez más compleja de procesos de producción entrelazados. En esto también los semiconductores son un ejemplo excelente: su cadena de producción es extraordinariamente compleja y depende de cientos de insumos procesados y producidos con herramientas de avanzada en todo el mundo. El mero hecho de entrar en el sector demanda una inversión inmensa en I+D y un largo tiempo de espera.

Es verdad que cualquier país puede reducir su vulnerabilidad a cambios externos adversos; pero eso supone costos inmensos, sobre todo si el objetivo es lograr autosuficiencia total y rentabilidad en la mayor cantidad posible de productos tecnológicos.

En vista de estos condicionamientos, es necesario favorecer la globalización, sobre la base de acuerdos multilaterales. Una prioridad debe ser acelerar y ampliar la difusión de avances tecnológicos a las economías desarrolladas y a las emergentes, a fin de reducir sus vulnerabilidades y facilitar el avance de las segundas; esto incluye la transferencia tecnológica. Las autoridades también deben ampliar el alcance de los acuerdos de comercio e inversión para salvaguardar los intereses de empresas, trabajadores y países y minimizar al mismo tiempo las externalidades negativas del proteccionismo. Esto puede incluir la ampliación de los tratados de libre comercio con la incorporación de capítulos dedicados a las cuestiones tecnológicas y anexos relativos a la protección de los derechos de los trabajadores de bajos ingresos y vulnerables.

Nada de esto se dará en forma espontánea. Pero el sector corporativo tal vez pueda ayudar a encontrar una salida constructiva que no debilite los intereses de seguridad nacional. Por ejemplo, en marzo las asociaciones empresariales de la industria de los semiconductores en China y Estados Unidos declararon su intención de formar un grupo de trabajo conjunto. Representantes de diez empresas de cada país fabricantes de chips se reunirán dos veces al año para examinar diversas cuestiones, entre ellas las restricciones a las exportaciones, la seguridad de las cadenas de suministro y la tecnología de cifrado.

Evitar una divergencia tecnológica a gran escala dependerá en gran medida de las políticas que adopten Estados Unidos y China. Pero si el resto del mundo no se deja arrastrar a la fractura sinoestadounidense, puede ayudar a promover la creación de un nuevo consenso basado en la confianza y en una idea compartida de progreso tecnológico.

Traducción: Esteban Flamini

https://prosyn.org/2Zg0Os1es