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Una prueba económica de voluntades con respecto a Ucrania

BRUSELAS/MILÁN – Un año después de la invasión rusa, la guerra de Ucrania se ha convertido en una guerra de desgaste, en la cual cada bando espera desgastar al otro primero. La superioridad moral y de liderazgo de los ucranianos continúa proporcionándoles una importante ventaja. Pero en una guerra de desgaste, el equilibrio de los recursos es el factor decisivo.

El potencial económico de Ucrania es insignificante. Tras haberse desplomado en más de un 30% en el año 2022, el PIB de Ucrania ahora asciende a apenas una décima parte del de Rusia. Y esa brecha crecerá: el Fondo Monetario Internacional espera que la economía rusa crezca un poco durante el año 2023. Está claro que Ucrania, por sí sola, no va a tener la capacidad para mantener una guerra de desgaste por un tiempo prolongado.

Pero, por supuesto, Ucrania no está sola; cuenta con el respaldo de la Unión Europea, el Reino Unido y Estados Unidos, cuyas economías tienen un PIB combinado de casi 45 millones de millones dólares. El PIB de Rusia, por el contrario, asciende a sólo 1,6 millones de millones de dólares (aproximadamente el mismo que el de Italia) y a poco más del 3% del de la alianza de la OTAN.

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