lamy10_Badru KatumbaGettyImages_jackfruit_farmer Badru Katumba/Getty Images

La clave para reducir la brecha de desarrollo

PARÍS – En 2015, los estados miembro de las Naciones Unidas se comprometieron de forma unánime a trabajar por “la paz y la prosperidad para las personas y el planeta” mediante el cumplimiento de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de aquí a 2030. Aunque la agenda no tenía precedentes por su ambición -acabar con el hambre, reducir drásticamente la desigualdad, impulsar el crecimiento económico, lograr la igualdad de género, detener el cambio climático y garantizar el acceso al agua, al saneamiento y a la energía-, muchos esperaban que el mundo lograra avances significativos. Pero la triste y dura realidad es que solo el 12% de las 140 metas mensurables de los ODS van en la dirección correcta, y más del 30% están estancadas o avanzan a la inversa.

Pero aún hay esperanza. Un único sector tiene la clave para colmar la mitad de las lagunas pendientes en materia de desarrollo sostenible: los sistemas agroalimentarios en África. El continente alberga a más de la mitad de las personas que sufren pobreza extrema y a más de la mitad de las que padecen inseguridad alimentaria aguda. Una de cada cinco personas de la región sufre desnutrición, y casi uno de cada tres niños padece retraso del crecimiento. África también alberga a alrededor de una quinta parte de la mano de obra agrícola mundial y se prevé que acoja al 49% de los migrantes desplazados por las crisis climáticas de aquí a 2050.

Por lo tanto, invertir en los sistemas agroalimentarios africanos puede tener un impacto enorme, permitiéndonos abordar una serie de problemas espinosos -desde el hambre y la mala salud hasta la pobreza y la falta de educación- a la escala necesaria para mantener el ritmo de crecimiento de la población de África que, según los cálculos, se duplicará hasta 2.400 millones para 2050.

El mayor obstáculo, por supuesto, es financiero. Los sistemas agroalimentarios africanos están seriamente subfinanciados: el sector recibe menos del 3% de los fondos mundiales para el desarrollo y menos del 5% de las inversiones totales en África procedentes de fondos públicos, privados y de desarrollo combinados. El agricultor africano promedio recibe menos de 140 dólares al año de inversión total, muy por debajo de las cifras comparables de India (800 dólares), Brasil (1.800 dólares) o Tailandia (2.000 dólares). Algunos británicos y estadounidenses gastan más en café en el lapso de un mes.

Esta infrafinanciación crónica se ha cobrado un precio alto. La productividad agrícola africana es un 60% inferior al promedio mundial, y se prevé que las importaciones de alimentos le cuesten al continente 110.000 millones de dólares anuales de aquí a 2030. Pero con capital dirigido y atención sostenida, esta situación puede cambiar. Impulsar la productividad agrícola ayudaría a alimentar a una población cada vez más grande, reducir la dependencia de las importaciones, proteger la biodiversidad y restaurar la salud del suelo. Una mayor inversión en el sector puede garantizar los medios de subsistencia de 250 millones de pequeños agricultores y abordar la urgente necesidad de resiliencia climática en una región afectada desproporcionadamente por el calentamiento global.

Los beneficios de invertir en los sistemas alimentarios africanos se extienden mucho más allá del continente. Los sumideros naturales de carbono de África seguirán mitigando el cambio climático, pero solo si se los preserva. Y unos sistemas agrícolas fortalecidos pueden estabilizar las cadenas mundiales de suministro de alimentos frente a las alteraciones causadas por pandemias, conflictos y crisis climáticas, ayudando a rehabilitar las tierras agrícolas del continente, el 65% de las cuales están degradadas.

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Pero para obtener beneficios globales es necesario un compromiso mundial. Afortunadamente, los sistemas agroalimentarios africanos representan una oportunidad de negocio atractiva. Aparte de que el continente cuenta con una mano de obra cada vez más calificada y joven y con gran parte de la tierra cultivable que queda en el mundo, las inversiones en sus sistemas alimentarios son entre 2,5 y 3 veces más eficaces para aumentar los ingresos que las realizadas en otros sectores.

Los inversores también saldrán ganando si combinan las inversiones agroalimentarias con inversiones en infraestructura como energía, agua y tecnología, que transformarán los sistemas agrícolas africanos en importantes fuentes de crecimiento. Cientos de pequeñas y medianas empresas ya transportan diariamente insumos, prestan servicios y trasladan cientos de millones de toneladas métricas de alimentos entre las zonas rurales y urbanas. Se trata de una base sólida sobre la que pueden respaldarse los inversores.

Entonces, ¿qué debe ocurrir a continuación? A principios de este año, en el Foro de París sobre la Paz, dimos a conocer el Laboratorio de Transiciones Agrícolas para Soluciones Africanas (ATLAS), una plataforma permanente para abogar por una mayor inversión, alinear prioridades y promover la transparencia y la rendición de cuentas en los sistemas agroalimentarios africanos. Desde entonces, se han sumado 30 organizaciones, lo que demuestra un verdadero impulso a la iniciativa. Los miembros abarcan desde el sector privado, incluidos OCP Group y Boston Consulting Group, organizaciones de desarrollo (entre ellas AGRA y ONE Campaign) y financiadores prominentes, como la Corporación Financiera Internacional y la Agencia Francesa para el Desarrollo (AFD).

En la reunión anual del Foro Económico Mundial que se celebra este año en Davos, ATLAS lanza el Desafío 2x30, que pide a los principales financiadores del desarrollo que se comprometan a duplicar las inversiones anuales totales (de unos 50.000 a 100.000 millones de dólares) en los sistemas agroalimentarios de África para 2030. A fin de garantizar que la financiación adicional se materialice y tenga un impacto significativo, se realizará un seguimiento a través de un barómetro anual de inversiones.

Aumentar la inversión es un primer paso hacia la construcción de sistemas alimentarios africanos más productivos, sostenibles y resilientes. Apoyar a los agricultores africanos no es solo una oportunidad. Es indispensable para alcanzar los objetivos globales de desarrollo.

https://prosyn.org/bS733Ahes