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Debemos percatarnos del potencial del localismo en inteligencia artificial

NUEVA YORK – Cada nueva tecnología viaja sobre una ola que va desde una situación de desmesurado entusiasmo público hacia su súbita caída en la desolación. Sin embargo, incluso si se juzga según los estándares habituales, la inteligencia artificial (IA) ha tenido una trayectoria turbulenta. ¿Es la IA una heroína  renovadora de la sociedad o una villana que destruye puestos de trabajo? Como siempre, la verdad no es tan categórica.

En su calidad de tecnología de propósito general, la IA será lo que hagamos de ella, y su impacto final estará determinado por los marcos de gobernanza que construyamos. A medida que sube el volumen de las voces que hacen llamamientos a favor de nuevas políticas de IA, se presenta la oportunidad de moldear una infraestructura legal y regulatoria en formas que lleven a la maximización de los beneficios de la IA y se pueda poner límites a los posibles daños que ella pudiese causar.

Hasta hace poco, la gobernanza de la IA era, primordialmente, objeto de debate a nivel nacional. Sin embargo, la mayoría de las estrategias nacionales de inteligencia artificial, en especial las de China, se centran en obtener o mantener una ventaja competitiva a nivel mundial. Dichas estrategias son esencialmente planes de negocios diseñados con el objetivo de atraer inversiones e impulsar el crecimiento de la competitividad corporativa, por lo general con un énfasis adicional en la mejora de la seguridad nacional.

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