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¿Reina la calma en el frente populista?

BERLÍN – En todo el mundo los liberales se atreven a abrigar la esperanza de que el violento desenlace de la presidencia del Donald Trump tenga su lado positivo: a saber, que la ignominiosa salida del escenario político del instigador en jefe hará escarmentar a los populistas en otras partes... desafortunadamente, su optimismo es ingenuo.

A diferencia de lo que suponen los reiterados comentarios sobre la «ola» populista que invadió al mundo en los últimos años, el ascenso y la caída de los líderes populistas no suele tener efectos significativos en otros países. Así como no hay honor entre ladrones, no hubo solidaridad en el Populismo Internacional cuando realmente la necesitó. Los compinches de Trump —como el primer ministro indio Narendra Modi, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y hasta el presidente ruso Vladímir Putin— al final reconocieron la victoria electoral de Joe Biden.

Más importante aún, si bien Trump fue omnipresente, nunca fue un populista típico. Los populistas de derecha en el gobierno tienden a ser más cuidadosos a la hora de mantener una fachada de legalidad y evitar que se los asocie directamente con la violencia en las calles. Debido a que el asalto al Capitolio de EE. UU. el 6 de enero claramente fue una señal de desesperación, no prefigura necesariamente el destino de otros movimientos populistas (ni el de la derecha radical). La única verdadera moraleja es que otros cleptócratas populistas también pueden recurrir a movilizaciones callejeras violentas si en algún momento se ven realmente acorralados.

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